Un viernes de
invierno lucio su imprudencia,
la niña feliz diviso sus cortezas, noto que con ellas podía
escalarlo, subió donde pocas pudieron lograrlo.
Allí estaba el ángel siempre reluciente, amable tomo de
la mano a la dama, quien pudo por fin ubicarse en sus ramas,
culminando así su acción inteligente.
Allí estaba el ángel siempre reluciente, amable tomo de
la mano a la dama, quien pudo por fin ubicarse en sus ramas,
culminando así su acción inteligente.
El ser celestial
percibió en nuestra niña, dotes de grandeza
y sintió que era indigno gozar privilegios que aquella debía cedió ante su aura y con gestos benigno, bajo de aquel árbol
jurando ese día, tomar solo frutos que le correspondían...
y sintió que era indigno gozar privilegios que aquella debía cedió ante su aura y con gestos benigno, bajo de aquel árbol
jurando ese día, tomar solo frutos que le correspondían...
Existen millones de
fabulas tristes, no todas culminan con vino y
perdices, se puede jurar que no hay nada mas triste que un ángel dejando la magia pudrirse.
perdices, se puede jurar que no hay nada mas triste que un ángel dejando la magia pudrirse.
